En la semana en la cual el inefable Micky “Vainilla” Pichetto propuso dinamitar la villa 1-11-14 como mecanismo para terminar con el narcotráfico y Pato “la bondadosa” Bullrich le impuso a los argentinos de a pie la necesidad de no olvidar el DNI si viajan en tren so pena de ser abordados, demorados, encarcelados por portación de cara y procedencia, recomendamos la lectura del siguiente relato de Pedro Saborido, que forma parte del libro “UNA HISTORIA DEL PERONIMSO”.

 

Por Bárbara Pistoia, publicado en http://www.polvo.com.ar el 10/09/2019

Empezó como una noticia inventada en Twitter y en menos de 24 horas pasó a ser un rumor consistente que necesitó otras 24 horas más para ser una confirmación: Maradona volvía al fútbol argentino como DT de Gimnasia. No es casual que semejante resolución se haya dado con esta velocidad y vértigo. Es Maradona, el comandante de las pasiones terrenales a lo largo y ancho del planeta, es la representación del milagro y el hombre de las mil vidas, el que en todas y cada una de esas vidas persiguió desafíos y dio giros épicos e impensados sobre el relato que él mismo escribió, pero, sobre todo, lisa y llanamente, es Maradona, humano, demasiado humano, el amante del amor popular. 

Por Marcelo Figueras, publicado en el sitio https://www.elcohetealaluna.com el 1º de setiembre

Juventud y política en la obra de Los Redondos / Solari

El viernes 30 de agosto, FEDUBA —el sindicato de docentes de la UBA— nos entregó un reconocimiento al Indio y a mí, por la trayectoria de ambos y por el libro que escribimos en común, Recuerdos que mienten un poco. El texto que sigue es una versión más prolija de lo que quise expresar entonces, en el escenario que nos prestó la Facultad de Filosofía y Letras ubicada en Puán al 400. 

OFERTA de Pedro Saborido, publicado en el libro UNA HISTORIA DEL PERONISMO de EDITORIAL PLANETA

 

—Escúcheme… Usted sabe que tener el poder, dominar, manejar los hilos de una sociedad, de una nación… no es sencillo.

Usted sabe que armar una prosapia, un abolengo, una tradición familiar es difícil. El barro de este continente… la ciénaga a la que hemos caído…

—Ahá…

—Me refiero a construir una historia. Lejos de reinados, hemos armado una nobleza. Que no es aquella, obvio…

Por Julio Cortazar

Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías, volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito, de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles.