La vergonzosa intervención del Partido Justicialista hizo que el debate acerca de la unidad de la oposición con vistas al 2019 volviera a las primeras planas. La indisimulable participación del gobierno en la acción constituye una nueva afrenta –por cierto no la peor y sin dudas no la última- a la democracia y las instituciones. El nombramiento del inefable y por múltiples razones repudiable Barrionuevo al frente de la intervención, antes que constituir una torpeza, plasma las verdaderas intenciones del gobierno de los CEOs: destruir una posible herramienta electoral de despliegue nacional, con capacidad económica y peso simbólico para contener a parte de una de las identidades llamadas a conformar el espacio unitario.

La intervención es una oportunidad dijo Urtubey, no sabemos si utilizando una de las predicciones generadas por el sistema de inteligencia artificial de su gobierno diseñado para detectar futuros embarazos adolescentes o recurriendo a su propia inteligencia natural, últimamente algo devaluada. No Urtubey: la intervención es una aberración que sin embargo nos señala qué tenemos que discutir y resolver: unidad para qué, cómo y con quién. Para aportar a un debate que supera el mero amontonamiento de figuras o figuritas o la sumatoria de sellos políticos más o menos vigentes, proponemos la lectura -en lo posible de corrido- de las siguientes tres notas:

·       ENTREVISTA A PEPE MUJICA, publicada en el diario Pagina 12 el 15 de abril

·       LA EFICACIA LIBERAL Y EL 25 %, publicada en El Cohete a la Luna el 1º de abril

·       EL MARXISMO PLEBEYO DE JHON W. COOK, publicada en El Cohete a la Luna el 1º de abril

Lejos están de contener respuestas, pero puede que permitan fijar algunos ejes alrededor de los cuales orbitará la discusión que culminará, al menos en su primera etapa, días antes de agosto del 2019.

Publicada en Página 12 el 15 de abril de 2018

Entrevista a Pepe Mujica sobre Lula, el aborto, la izquierda, la corrupción y el ser humano

Presidente de Uruguay entre 2010 y 2015, el senador Pepe Mujica está muy preocupado por lo que ocurre en Brasil con su amigo Lula y por su impacto en la región. En diálogo con PáginaI12 no se privó de ninguna definición sobre ningún otro tema.

Por Gonzalo Arias

 

Desde Montevideo

Cerca de cumplir 83 años el mes que viene y con 14 años de su vida como preso político, el senador José Pepe Mujica ya fue otra vez senador, y también ministro de Agricultura y Presidente en los gobiernos del Frente Amplio que gobierna Uruguay desde 2005. Sigue siendo un protagonista de la política, en el mundo y sobre todo desde su chacra de siempre, en las afueras de Montevideo, donde recibió a PáginaI12. 

–En la Argentina se está debatiendo actualmente la posibilidad de que se apruebe un proyecto de despenalización del aborto. Uruguay lo discutió en 2012, cuando usted era presidente. 

–Desde que el mundo es mundo, hay abortos. Cuanto más oculto y menos reconocido lo tenemos, más perjudicamos a las mujeres pobres, castigamos doblemente a las mujeres pobres. El paso a la legalización parte de este primer escalón, primero tenderle una mano social a la mujer si quiere retroceder en la decisión que tome. Si lo dejamos como un fenómeno clandestino, eso es imposible. Es decir, una atención social y psicológica de ayudarla si quiere retroceder. Creo que se terminan salvando más vidas con un procedimiento así de cara, de frente, reconociéndolo, que en el otro, al decir no, el aborto no. Pero sigue existiendo, porque somos hipócritas si no nos enteramos de que existe y que termina en una sociedad de mercado, siendo un estupendo negocio para algunos, y caro. Más claro: las mujeres que tienen la necesidad de abortar y que tienen poder económico van a resolver al problema clínicamente, bien atendidas. Las mujeres que están en el fondo de la sociedad, que tienen problemas sociales, se van a jugar la vida. Por esto nosotros decidimos. Porque no es que me gusta o no me gusta. El problema es que existe. En Uruguay, es una vieja manera de pensar.

Publicado en El Cohete a la Luna el 1º de abril

Por Ricardo Aronskind 

La derecha quiere transformar el país. ¿Y la oposición?

 

A alguna gente que tiene pasión por el punto medio le gusta decir que los gobiernos de derecha generan crecimiento y los gobiernos de izquierda distribuyen.

El esquema, basado en algunos casos de países centrales donde las burguesías hacen lo que tienen que hacer (invertir e innovar), señala que los conservadores promueven reglas de juego que alientan las inversiones productivas y que luego los sectores progresistas, en base al esquema productivo ampliado que heredan, impulsan las redistribuciones para que la sociedad sea un poco más equitativa.

Adoptando este enfoque, se puede darle a cada fracción política su mérito, bendecir la alternancia de las derechas e izquierdas como un proceso sano y necesario y concluir el relato en un salomónico espíritu donde ambas partes son necesarias y complementarias en la construcción de sociedades más prósperas y felices.

Desde ya que ese esquema tan simpático y optimista necesita ser verificado en la realidad para ver su capacidad de explicación de los procesos latinoamericanos, o específicamente argentinos.

Aplicada mecánicamente, y usando el lenguaje convencional (que naturaliza la cosmovisión de la derecha), los gobiernos moderados-centro derecha por sus prácticas austeras y previsibles favorecerían el crecimiento, y los gobiernos populistas-progresistas aportarían el elemento distributivo, aunque fueran poco efectivos en promover el crecimiento.

Publicado en El cohete a la luna el 1º de abril de 2018

 

Por Diego Sztulwark 

Lo “plebeyo” como desacato al mando neoliberal y al paternalismo populista

 

El verdadero oxímoron de nuestros días es el peronismo de base (Miguel Mazzeo)

 

La primera vez que escuché hablar de John William Cooke fue a través de dos personas que lo conocieron bien: Eduardo Luis Duhalde y Manuel “El Negro” Molina. Duhalde, compilador de su Obra Completa en cinco tomos, hablaba de “El Bebe” en charlas de “formación” en un local de la calle Perón, a fines de los años ’80. Lo ubicaba como figura contrapuesta a Juan José Hernández Arregui; ambos representaban dos modos opuestos de cruzar marxismo y peronismo. El Negro, en cambio, hablaba en voz baja y en charlas de uno a uno.

Por Facundo Romero (Secretario de Juventud de FATUN/Secretario General de ATUNAJ)

 

Dedicarse a la actividad sindical es una tarea militante que requiere cabeza fría y corazón caliente. Sin dudas el Movimiento Obrero Organizado tiene varias batallas que sortear:

  • ·    por un lado la demonización de los dirigentes sindicales motorizada por los sectores concentrados de poder, que a través de la maquinaría mediática a su servicio logran instalar que para ser dirigente sindical se debe ser corrupto, mafioso, patotero o empresario
  • ·   por otro la fragmentación marcada por la falta de una conducción clara de la CGT, atomizada por la primacía de intereses individuales que ponen en tensión la posibilidad de la unidad

“El pueblo no vale por su organización ni por el número de hombres que están organizados. Vale por los dirigentes que tiene a su frente, porque la acción jamás está impulsada ni por la masa ni por el pueblo, sino por los dirigentes, que son los que conducen” (Juan Perón).

Estamos convencidos que debemos volver a las bases, necesitamos construir frente al gobierno neoliberal-oligárquico –aunque novedosamente elegido en forma democrática- una Organización sólida, con formación de cuadros constante, volviendo a las Escuelas Superiores de Formación que el General Perón supo llevar adelante.

Perón consideraba que la conducción política era una ciencia que debía estudiarse con la finalidad de reducir el margen de error de las decisiones y para mejorar los resultados de acción colectiva. El dirigente debía conocer los sucesos históricos y la relación entre variables políticas, económicas y sociales a través del tiempo.

Además de ser un campo del conocimiento científico, la conducción es un arte y cada dirigente desenvuelve una acción particular en su tiempo y en su espacio. La dirección política es única e irrepetible, cada militante lleva un “bastón de mariscal” y en su intervención se ponen en juego su originalidad y su propio sentido.

Finalmente, Perón postulaba que la conducción política tiene que orientarse al cumplimiento de una causa trascendente y que la dirigencia debería disponer de una doctrina y de una ética. Los conductores deben llevar bien alto el “sentido heroico de la vida”, colocando a la justicia social, la grandeza nacional y al amor a la patria como finalidad última de sus acciones.

La Patria está viviendo momentos difíciles desde que el 10 de diciembre de 2015, cuando asumió un Gobierno que viene destruyendo derechos históricos, un gobierno al que no le importan lxs niñxs ni los abuelxs ni la salud ni la Educación ni nada que mejore las condiciones de vida de los sectores populares. Es por ello que lxs dirigentes sindicales, políticos y sociales, tenemos el deber de militar y construir la UNIDAD en ACCION y en CONCEPCION: solo así el Movimiento Obrero podrá articularse como columna vertebral de un Proyecto Político Nacional y Popular.

No venimos a proponer tirar ningún viejo por la ventana, pero si debemos saber que el Pueblo aún espera que los Sindicatos sean el bastión de la resistencia, espera renovación en la dirigencia, espera un Movimiento Obrero Organizado sólido, combativo, organizado, solidario. Pues bien: para lograrlo necesitamos un plan de lucha claro, consistente y que se sostenga en el tiempo. Ya no hay lugar para tibiezas, ni para especulaciones sectoriales, hay que poner las pelotas en el lugar que Pueblo espera y colaborar para lograr plasmar en la vida pilares básicos: Patria libre, justa y soberana.

Por último, instamos a soñar con las Utopías Realizables, que permiten a los hombres lograr aquellas cosas que siempre han traído la felicidad para nuestro Pueblo. Sigamos construyendo nuestra historia con memoria, seamos participes de nuestro destino siempre con UNIDAD, SOLIDARIDAD Y ORGANIZACIÓN.