Elaborada por el colectivo Marambio

El aislamiento social presenta matices a lo largo del territorio nacional, pero en general la cuarentena se está relajando -frente al bajo número de contagios- en casi todas las provincias y en distritos del interior de la provincia de Buenos Aires. Aparece la necesidad perentoria de reactivar lo que se pueda de la economía y un porcentaje importante del país está intentando hacerlo, en medio de la esperable pero no por ello menos terrible caída del consumo –producto no sólo del parate generado por la pandemia sino, principalmente, por la debacle heredada del macrismo-.

En el ámbito del AMBA, los comercios de cercanías han abierto sus puertas –los de consumos esenciales nunca las cerraron- y en general ha habido un “aprendizaje” en la relación con la enfermedad que se traduce en el cuidado propio y del prójimo respetando el aislamiento social, el uso de mascarillas y la higiene preventiva. Lo que es innegable y constituye un elemento que carga de incertidumbre el devenir diario es que el comienzo de la apertura coincide con el del crecimiento del número de contagiados y, lo que es más preocupante, del número de muertos diarios. A lo anterior, se suma que el virus se empieza a manifestar como “clasista” y se propaga rápidamente en las barriadas populares dejando expuesto claramente que la desigualdad extrema y la miseria constituyen el ámbito propicio para su multiplicación.

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La pandemia ocasionada por la difusión del virus COVID-19 ha generado un escenario mundial inédito. Más allá de las capacidades específicas de los diferentes Estados para hacerle frente, la pandemia convoca a la sociedad a un esfuerzo excepcional, parecido pero no igual al que conllevan las grandes crisis económicas o las guerras.

Este esfuerzo hace tanto a lo económico como a lo personal y familiar. Altera las vidas de todos nosotros, nos obliga a redefinir nuestras actividades cotidianas y extraordinarias aún en situaciones muy dolorosas (familiares que no pueden asistir a sus enfermos, deudos que no pueden despedir a sus muertos), golpea en forma diferencial a sectores que ven directamente prohibidas sus actividades laborales, y moviliza importantes recursos estatales para asegurar la supervivencia.

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Por Eduardo Avalos

Como consumidor de peliculas sobre zombies y para justificarlo ante la mirada de los otros, suelo decir que se puede realizar una lectura política y hasta sociológica de dichos filmes. En Land of the dead, Dennis Hopper encarna a la autoridad de una ciudad que a toda costa intenta mantener su estilo de vida manteniendo a raya, militares mediante, a hombres y mujeres de los suburbios que inevitablemente cayeron  víctimas de la plaga zombie. No resulta difícil imaginarse que esos hombres y mujeres fueron en algún momento la mano de obra que hacía funcionar toda la maquinaria social de una tierra cuyo recuerdo aparece cada vez menos nítido.

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Por Mariela Montiel.

Publicado en http://www.identidadcolectiva.com.ar el 31/05/2020

A casi 6 meses del día 0 de esta pandemia, hemos leído de todo, porque querido hermano bonaerense mientras nosotros nos organizamos para darle una utilidad más peronista a la olla (el cheto le dice cacerola), el mundo intelectual piensa. Te lo voy a sintetizar “cortito y al pie”, se visualizan tres grandes paradigmas, el occidental liberal (pensado por las oligarquías financieras de los países del norte, principalmente) que apuesta a reiniciar una vez más al capitalismo neoliberal y salvaje (ya lo hicieron en 2001 y 2008); la mirada oriental y más colectivista que presenta hipótesis contrapuesta, para este grupo es el fin del capitalismo y de la globalización y por último nos encontramos los latinoamericanos. ¡Sí, existimos eh!!! Muchos compatriotas que defienden la soberanía frente al imperialismo hacen una lectura más descolonial y favorable para los pueblos de la Patria Grande.

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Escrito por Irene Bompas (Socióloga)

“He comprendido que mi bienestar sólo es posible cuando reconozco mi unidad con todas las personas del mundo, sin excepción.” León Tolstói

 

Después de más de 60 años, y aún con niveles inéditos de globalización y trasnacionalización alcanzados por la economía mundial que en el momento en que fue enunciada, todavía hoy la Teoría de la Dependencia nos puede realizar algunos aportes sobre la forma que adoptó en América Latina el “desarrollo”. Es decir, no se ha modificado la matriz de acumulación capitalista, donde el “centro existe y se desarrolla a costa, básicamente, de la periferia y esta forma de inserción de la periferia en este sistema mundial es lo que determina su forma de desarrollo dependiente[1]. Este tipo de explicación nos indica que la interdependencia de las economías en el sistema capitalista, genera, por un lado, economías desarrolladas y por el otro, como contracara, forja economías desarticuladas y desintegradas (capitalismo dependiente), donde conviven un sector moderno de alta productividad junto a uno de subsistencia o de baja productividad caracterizado también por el subempleo estructural y la precariedad laboral. Este esquema cuyo resultado es la DESIGUALDAD se reproduciría al interior de un país y al interior de una gran urbe, como por ejemplo CABA.

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