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Cuenta la leyenda urbana que en un pueblo del País Vasco hubo una bomba que llegó a tierra pero nunca estalló. La bomba quedó incrustada en el medio de la plaza central del pequeño poblado. Los pobladores sorprendidos y asustados no se animaron a moverla, y mucho menos desarmarla. Allí permaneció años durante el gobierno de Franco como un símbolo aleccionador. Representaba la muerte, el poder del régimen y el castigo a quien se revelara.
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"Mi cotidiano insomnio". Leonardo Favio.
Mi cotidiano insomnio se obstina en el misterio
de recordarme al otro aquel que fui.
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"Néstor Kirchner: no les tengo miedo. Un militante que respetó su pasado", una biografía del Flaco escrita por Gustavo Campana y publicada por la editorial Colihue.
No fue el primero que cargó con la obligación de mitigar el dolor y contener la angustia de los desterrados. Tampoco fue el último en encabezar uno de los tantos cíclicos regresos del pueblo a casa. Pero el destino le dio un mandato, justo cuando los contratos sociales habían sido dinamitados por la crueldad de las corporaciones. Una misión con resultado puesto, fracaso seguro. Trabajo que para sus pares era tan imposible, como suicida.
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//Escrito por el Dr. Albano Retamar, Médico MN 147143, MP: 9718//
“Fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que se tienen”, es la definición de la RAE. Etimológicamente del griego “máscara”, este término ha sido utilizado desde el comienzo de los tiempos, para el cristianismo es una manera de catalogar a los falsos profetas, “los que dicen y no hacen” o hacen lo contarios a lo que piensan. La religión del Islam habla de aquellos que manifiestan ser creyentes y pacificadores pero que no lo son.