Pastoral Social, Comisión Episcopal - Tomado de Facundo Di Vicenzo
Pastoral Social, Comisión Episcopal - Tomado de Facundo Di Vicenzo
El Padre Julio Merediz, jesuita cercano a Jorge Bergoglio, nos cuenta cómo surgieron los principios que siempre sostenía Francisco: la realidad es superior a la idea, el todo es superior a la parte, la unidad prevalece sobre el conflicto y el tiempo es superior al espacio.

“Tenemos que remontarnos a 1973. Francisco tenía 36 años, yo 34 y el padre López Rosas, 30. Los 3 jesuitas.
López Rosas todavía no era sacerdote. Veníamos de toda una época de grandes cambios y en la parte de formación había mucha parte de formación política y también de formación histórica. De algún modo nosotros somos hijos del revisionismo histórico de José María Rosa, de Fermín Chávez, de Hernández Arregui, de Ernesto Palacio y por ahí un poquito también de Félix Luna. Así que, aunque no somos ningunos historiadores, nos gustaba mucho y fundamentamos mucho nuestras decisiones, nuestros planes y proyectos en la revisión histórica y la visión política.
Así que vivimos y somos hijos, fuimos formados en la década de la locura positiva peronista con todo lo que pasó en aquellos años. Tanto Bergoglio como yo y Lopez Rosa un poco menos, era un poquito más chico. Pero todos vivimos toda esa época muy importante para la historia argentina de distintos ángulos.
Pienso yo que era el mes de agosto-septiembre, estábamos próximos ya a las elecciones que llevarían la tercera presidencia de Perón, que ganaría por el 64% en septiembre de 1974 y esto habrá sido para esa época. Me llama por teléfono el padre López Rosas y me dice: nos vamos a juntar con Jorge en un café de Caballito. Era un cafecito que quedaba cerca de la estatua del Cid Campeador y estaba Jorge Bergoglio, que en ese momento era un provincial recién asumido, nombrado por el padre Pedro Arrupe -había asumido el 31 de julio como provincial-.
De los tres, el más historiador era Tito, Jorge Bergoglio era más literato y yo era más de la acción, pero también con formación histórica y literaria. Entonces estábamos en el café y Tito dice: “estuve analizando la carta de la Hacienda de Figueroa que Juan Manuel de Rosas le dirige a Facundo Quiroga. Facundo muere con esa carta en su pecho, el original está manchado de sangre de cuando lo matan en Barranca Yaco, en 1833”.
Y esa carta dice, nos da cuatro principios fundamentales, que son para cualquier análisis político, para cualquier conducción. Comenzó: el tiempo es superior al espacio, el todo es superior a la parte, la unidad es superior al conflicto y la realidad es superior a la ideología.
El tema del todo es superior a la parte: “…en ese momento la flota anglo-francesa tenía bloqueado el puerto de Buenos Aires y la idea era avanzar por los ríos interiores para tomar y saquear toda la producción del norte argentino. En ese momento Facundo viene a Buenos Aires, de ahí el porqué de la carta, a plantearle a Rosas un conflicto que había en las provincias del norte entre Tucumán y Salta, entre los dod caudillos de esas provincias.
Entonces Rosas le dice: “andá, de parte mía, intervení ahí y que se dejen de embromar, que no es momento de pelearse, porque acá lo que vale es todo de nuestro territorio del Río de La Plata, del territorio argentino, y no es simplemente una pelea por límites provinciales”. Con esa idea se va Facundo, marcha hacia Tucumán y Salta para reencontrarse a estos caudillos de Tucumán y de Salta, y es entonces cuando es asesinado en Barranca Yaco en 1833. Ahí está el primer principio, digamos: el todo es superior a la parte.
Podemos tomar entonces el otro que es “la realidad es superior a la ideología”. En ese momento, como en nuestro tiempo actual, las ideologías también funcionaban y entonces estaba muy dividido, la ideología federal y la ideología unitaria. La respuesta de Rosas a todo esto es: “dejemos de embromar entre unitarios y federales. Acá lo que se juega es el proyecto de nación, el sentir nación”. Y entonces, de nuevo: “…hay que tratar de unirse, de respetarse y luchar por el bien de toda la Nación. No simplemente de una porción y de un territorio. Esta es la realidad que es superior a la ideología, no intereses entre unitario y federal. El asunto es que todos nos unamos en pro de la Nación que será la Confederación Argentina en ese momento. Esto de algún modo había asumido en su momento el primer gobierno peronista que decía que: “la única verdad es la realidad”. Y lo complementaba con: “mejor que es decir es hacer; mejor que prometer es realizar”.
En este mismo tono aparece después el otro principio es: “el conflicto esta por debajo de la unidad”, que ese principio ya estaba flotando anteriormente: “tenemos que unir las provincias que forma la Confederación. No dividirnos porque el enemigo es muy grande”. La unidad es superior al conflicto, que es eso de estar peleandose tucumanos y salteños o tucumanos y santiagueños. Hay que bregar por la unidad de todo y un poco ese es el proyecto de unidad nacional que en ese momento llevaba la bandera de Juan Manuel de Rosas.
“El tiempo es superior al espacio”. Acá en la carta hay dos aspectos: uno la insistencia de la Constitución Nacional, de forjar un país conCconstitución y entonces Rosas dice: “todavía no es el tiempo, porque tenemos que tener primero una unidad de concepción de nación, tenemos que sentir nación, ser nación para crear entonces una Constitución”.
El tiempo, dar tiempo, había algunos caudillos que estaban apresurados por el conquistar una constitución. ¿Cómo conquistar una constitución si estamos divididos entre nosotros, sino hay un concepto de unidad nacional y de conformar toda la confederación argentina?
Este es un tema y el otro es el tema por lo cual se peleaban unos con otros: “ganemos este espacio, hay que ganar esto y no dar tiempo al tiempo, que es lo que después asienta las cosas”. De hecho, el tiempo después le va a dar la razón a Rosas porque va a costar mucho más la unidad nacional de lo que parecía en ese momento. Esta carta es de 1833 y en el 1853, veinte años después, recién se va a lograr cierta unidad, sin Buenos Aires. Buenos Aires esta por un lado, la Capital de la Confederación estaba en Paraná. No es tan sencillo, no es por decreto. Hubo que esperar hasta 1845, la batalla de la Vuelta de Obligado del 20 de noviembre sobre el rio Paraná que, si bien militarmente en ese momento se perdió, forjó toda una idea de unidad nacional que se había perdido un tanto, es decir, que esa batalla consolido a los caudillos del litoral y también a los caudillos del NOA, llamese Estanislao Lopez, llamese Pancho Ramírez, Juan Manuel de Rosas.
De aquí brotaron los cuatro principios famosos: fue López Rosas que nos inspiró y luego los captó Jorge Bergoglio, que siendo provincial y abriendo la primera congregación provincial que viene ser capitulo nuestro siendo el profesor más joven de los allí convocados el 14 de febrero de 1974. En ese primero discurso enumeró estos principios revalidándolos con el concepto espiritual de San Ignacio.