Imprimir
Visto: 175

Por Alejandro Goldín

Hace un tiempo, no recuerdo bien si 200 años o 2 meses, creí que todo iba a volar por los aires. El dólar ilegal estaba en $350 y no tenía techo. La importante reactivación económica, el crecimiento del PBI que en el primer semestre de este año fue del 6.9% -que ya no es rebote de la caída del 9.6% del 2020 porque en el año 2021 crecimos un 10.3%-, corría serio riesgo de derrumbarse porque ante la tremenda inestabilidad y el terrible desorden provocado por la corrida cambiaria iniciada por el Poder Real, las pequeñas y medianas empresas tenían serias dificultades para conseguir insumos. La enorme debilidad de nuestro Gobierno, de nuestro Estado, era y sigue siendo, las muy escasas reservas de divisas en el Banco Central. Y ni que hablar de las reservas líquidas, las reservas en dólares billetes contantes y sonantes. Los sojeros no vendían y las agroexportadoras no liquidaban las exportaciones. Cada vez había más complicaciones y más problemas para importar insumos y bienes de Capital (maquinaria) porque prácticamente el Banco Central casi no tenía dólares. La fragilidad de nuestro Gobierno, de nuestro Estado es consecuencia de la inmensa deuda y el deterioro del aparato productivo y de los salarios que dejó Macri, de la pandemia pero también de no haber cuidado las divisas logradas como consecuencia de 30 meses de súperavit comercial. La pregunta del millón ( o de miles de millones de dólares) es por qué Guzman, Kulfas y Pesce entregaron 30 meses de súperavit comercial para que empresas remitan utilidades o paguen sus deudas externas a sus casas matrices con docimicilo legal en el exterior.

 

Y en eso llegó Massa, que poco o NADA tiene que ver con Fidel.

Asumió como ministro de Economía, Desarrollo Productivo y Agricultura como consecuencia de un acuerdo político entre él con sus dos socios de la coalición gubernamental, Alberto Fernández y la accionista mayoritaria, Cristina Fernández. Muy poco tiempo después de su jura y sin que aún hubiera tomado medidas, las finanzas comenzaron a "ordenarse". Como por arte de magia el dólar ilegal, el MEP y el CCL bajaron de alrededor de $350 a $270. Pero no fue magia, fue el visto bueno, el guiño que hicieron "los mercados" al arribo de Massa. Paradójicamente (o no) el Poder Real que odia y teme a Cristina en proporciones similares, coincidió con la Vicepresidenta en su elegido como piloto de tormenta. El discurso de Massa fue melodía para los oídos de los grupos económicos concentrados: bajar el déficit, no solicitar auxilios al Banco Central y bajar la impresión y el circulante de pesos. Sin embargo las empresas agroexportadoras continuaban sin liquidar y los formadores de precios seguían y siguen remarcando y remarcando. Massa, con el acuerdo del Presidente y Vicepresidenta, acordó un dólar soja a $200 con el objetivo de conseguir 5 mil millones de dólares durante el mes de septiembre y logró éxitos coyunturales pero éxitos al fin en su viaje a los Estados Unidos en el que logró destrabar los créditos del BID, la promesa de la AFIP yanky de pasar el listado de argentinos con cuentas en los Estados Unidos (unos 100 mil millones de dólares) y el visto bueno del FMI. Pero la inflación no baja del 7% mensual y anualizada se acerca a los tres dígitos.

 

La torta sigue mal repartida

Mientras la escalada de precios no cede, todavía continuá el crecimiento y el descenso del desempleo -con salarios muy magros, muchas veces por debajo de la línea de pobreza-. La "masa salarial" se incrementa y alimenta el consumo y la demanda interna. El Estado se hace presente mediante asistencia social y nuevos planes o el refuerzo de los mismos. Una parte importante de la población es pobre pero a diferencia del año 2002 la indigencia está bastante "controlada", pero para un Gobierno Peronista eso suena a poco, muy poco. El crecimiento económico no se refleja en los bolsillos y en la heladera de lxs trabajadores porque el Capital continúa apropiándose de la mayor parte de la torta y para quebrar esa tendencia que después de 12 años de Kirchnerismo volvió con Macri, son necesarias políticas públicas activas y un Estado que arbitre a favor de los desposeídos. Un aumento general por decreto que beneficie a los deciles de menores ingresos y un pacto economíco social para frenar la suba de precios, especialmente de los alimentos parecen medidas imprescindibles para revertir el periodo regresivo iniciado durante el Gobierno Macrista en el que los salarios perdieron un 17%.

 

El futuro en riesgo

La elección presidencial del año que viene posiblemente sea la más importante de la historia argentina. Esto lo leo, lo escucho y lo digo hace ya mucho tiempo, pero creo que esta vez no me equivoco. Es muy importante impedir que retorne el proyecto neoliberal, neocolonial autoritario, violento y facistoide. En esta oportunidad- a diferencia del 2015- no esconden ni disimulan su objetivo, su programa de Gobierno: destruir y/o eliminar al Peronismo, a los sindicatos y los derechos laborales, volver a la Argentina del primer centenario, la Argentina oligárquica para unos pocos millones de personas. Y quedarse por lo menos por 20 años apoyándose en los ingresos extraordinarios (realmente extaordinarios) que tendrá nuestro país gracias a "Vaca Muerta" -el especialista Nicolás Arceo calcula que serán unos 37 mil millones de dólares anuales, dos veces lo que ingresa por las agroexportaciones- y la explotación e industrialización de litio. Un próximo Gobierno Peronista tendría mucha más potencia y poder sin depender de las exportaciones sojeras y los dólares de "Vaca Muerta" podrían financiar la industrialización y mediante la redistribución un crecimiento muy importante del mercado interno. También es muy positivo e importante que recientemente, hace sólo 4 días, mediante un comunicado oficial, China le haya dado la bienvenida a los BRICS a Argentina.

 

El mundo está loco, loco, loco.

No solo muy convulsionado y en peligro por la guerra entre Rusia y Ucrania (o mejor dicho de  Rusia contra la OTAN) sino por los alineamientos y realineamientos que se dan en la disputa por la hegemonía o por terminar definitivamente con el objetivo de los Estados Unidos, un imperio muy poderoso, que sigue siendo la primer potencia bélica mundial, de mantener o volver al mundo unipolar post triunfo en la “Guerra Fría”. La escalada de precios de los comodities,  especialmente de los hidrocarburos y alimentos, afecta principalmente a Europa pero en mayor o menor medida a todo el planeta. Y a nuestro país en una medida mayor porque el costo de nuestras importaciones de hidrocarburos se incrementó en más del 100% y porque como comemos gran  parte de lo que exportamos eso presiona sobre la inflación, que en los países de Europa y en Estados Unidos se multiplicó hasta por 5 o 6 veces pasando en algunos casos del 1,5% anual al 8 ó 9%. En Argentina ya teníamos una inflación muy alta, del 54% durante el último año de Macri, del 42% en el 2020 y del 50.9% el año pasado.

Cuando me refería a nuevos realineamientos era a los vínculos entre Putin y su filósofo de cabecera y hombre de consulta, Duggin, con la extrema derecha de Europa e incluso Trump y por otra parte al actual Departamento de Estado encabezado por Biden mirando con buenos ojos Lula en Brasil, a Petro en Colombia y a Massa en Argentina. Es temprano para sacar una conclusión pero da la impresión que Biden no considera confiables a quienes fueron los máximos aliados de Trump en nuestra región: Bolsonaro y Macri.

 

Gracias Luciani

El alegato político del fiscal Luciani en la causa denominada “Vialidad”- que ya había sido tramitada y juzgada pero que extrañamente después de cerrarla el juez Ercolini resolvió reabrirla porque no había sido investigada Cristina, como si en un proceso judicial lo importante fueran las personas acusadas y no los hechos denunciados- fue un discurso inflamado, repleto de convicciones ideológicas pero absolutamente carente de pruebas. El fiscal no pudo y no quiso disimular su odio por la Vicepresidenta. Un fiscal que comparte equipo de fútbol con uno de los integrantes del tribunal, el juez Giménez Uriburu, equipo que disfrutaba jugando en el muy buen campo de juego de la quinta “Los abrojos” del ex Presidente Macri. La causa “Vialidad” representa la máxima expresión del lawfare y el mismo fiscal en su encendido alegato dijo fundamentarlo en el sentido común. Un verdadero discípulo del ex juez y ex ministro de Justicia de Bolsonaro, Sergio Moro, quién cuando condenó a Lula admitió no tener pruebas certeras pero que estaba convencido de la culpabilidad del ex Presidente de Brasil. El pedido de 12 años de prisión de Cristina (uno por cada año de Gobierno Kirchnerista) y su inhabilitación perpetua junto con las manifestaciones y expresiones de odio y amenazas en la puerta del hogar de la Vicepresidenta despertaron al león y provocaron una reacción impresionante en una parte muy importante de nuestro Pueblo que es Peronista y/o Kirchnerista y que no solo se siente representado por la ex Presidenta sino que siente por ella admiración, amor y gratitud. Semejante reacción sorprendió a propios y a extraños, pero especialmente al enemigo que después de varias décadas sigue teniendo serias dificultades para comprender al Peronismo y en su intento por darle el tiro del final y rematarlo en lugar de seguir cocinando al Gobierno a fuego lento, intento llevárselo puesto en una operación de pinzas: corrida cambiaria y destrucción de la imagen de quien junto con Néstor nos regalaron los años más felices. Los protagonistas del lawfare tienen el objetivo de imponer su relato de la historia y que sea internalizado por los menos por el 70 u 80% de la sociedad. El enemigo también esperaba que Cristina quedara aislada y que muchos sectores del Partido Justicialista le dieran la espalda.

Si bien es cierto que la respuesta de nuestra dirigencia política fue posterior a la de nuestro Pueblo, no se hizo esperar y fue unánime. Todo el Peronismo se alineó detrás de la ex Presidenta y en los hechos quedó saldada la disputa/debate acerca de quién conduce el Frente de Todos.

 

A una bala de la tragedia

El atentado contra Cristina es una bisagra en la historia de la Democracia moderna argentina. Y no sólo el hecho en sí, que tiene una gravedad institucional sin igual, sino también porque la presidenta del principal partido de la oposición, Patricia Bullrich aún no expresó su repudio y la mayoría de los comunicadores a sueldo de los medios hegemónicos ponen un manto de sospecha sobre el intento de asesinato y muchos sugieren la hipótesis del auto atentado o directamente adhieren como por ejemplo el editorial escrito por el director y copropietario del diario La Nación. Hasta el día de hoy hay 4 detenidos pero aún falta mucho por investigar, fundamentalmente el financiamiento de este grupo y la autoría intelectual. La transferencia de un millón setecientos mil pesos de una empresa de “Caputo hermanos” al líder del grupo de extrema derecha Revolución Federal es una pista importante a seguir, sobre todo teniendo en cuenta que aprendió carpintería por Youtube, que su emprendimiento solo emitió dos facturas y que el trabajo fue para un hotel de Neuquén cuando él reside a cientos de kilómetros de distancia. Lo que sí está comprobado es que fue un atentado, que el arma era real, que estaba cargada y que no fue un “lobo suelto”.

La ruptura del pacto democrático es muy evidente pero comenzó durante la presidencia de Macri con la justificación por parte del Poder Ejecutivo y especialmente de la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, de la desaparción seguida de muerte de Santiago Maldonado y del asesinato de Nahuel. La derecha local nunca fue moderna ni democrática y desde hace unos años ni siquiera intenta disimularlo. Gran parte de la derecha local dejó de serlo para convertirse en ultra derecha neofascista, autoritaria, violenta, clasista y xenófoba. Ante el avance y la radicalización de Juntos por el Cambio NO hay lugar para la neutralidad ni para la mezquindad y el chiquitaje. En nuestra región avanza la segunda ola progresista, moderada, bastante moderada es cierto, pero avanza a paso firme y este domingo con un paso gigante con el triunfo de Lula en Brasil. Es imprescindible poner toda la cabeza, el corazón y la pasión y la energía militante en impedir que el macrismo- en cualquiera de sus versiones- vuelva a gobernar Argentina.

La ignorancia lleva al miedo, el miedo lleva al odio, y el odio lleva a la violencia. Esa es la ecuación. (Averoes, siglo XII)

 

“…el orden establecido puede desvanecerse de la noche a la mañana. Los cambios pueden ser rápidos como el rayo. No se puede confiar en la frase: "esto aquí no puede pasar". En determinadas circunstancias puede pasar cualquier cosa en cualquier lugar." (Margaret Atwood. El cuento de la criada)