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Escrito por Daniel y Eduardo

Las últimas novedades de la escena política nacional generan inevitablemente todo tipo de reflexiones.

La primera de ellas tiene que ver con el descalabro que provocó en los distintos espacios y particularmente en el macrismo, la presentación de la formula Fernández – Fernández. El oficialismo demoró varios días en reaccionar más allá de intentar poner en juego algunas operaciones de factura cada vez más berreta. Recién un día antes del cierre de inscripción de alianzas dieron a conocer al compañero de fórmula de Macri.

Se suele decir que la conformación de las formulas está vehiculizada con una mirada estratégica que apunta a ampliar el volumen político del propio espacio. Esto resulta claro en el espacio Nacional y Popular, donde  el ingreso de Alberto Fernández destrabó las conversaciones que favorecieron el acercamiento de los gobernadores peronistas, el massismo y otros espacios, evidenciando así una clara intención de intentar el triunfo en primera vuelta. Por parte del oficialismo, dejando de lado la cantinela mediática que festeja como genialidad cualquier torpeza, la llegada de Pichetto solo fue saludada por el ex presidente residente en Anillaco.

Más allá que Macri haya llegado a elegir su vice por descarte luego de la negativa de otros actores políticos, es dable esperar que el acercamiento del rionegrino se vea acompañado de otros movimientos que le den alguna coherencia a esa jugada.

Es preocupante entonces el reiterado ejercicio, observado en medios afines a nuestro ideario nacional y popular, consistente en repetir hasta el cansancio archivos descalificando, por si hiciera falta, al candidato a Vicepresidente de  Mauricio  Macri.

Nos interesan aquellas que, trascendiendo el mero ejercicio intelectual, puedan traducirse en accionar político.

Como sabemos, o intuimos, Pichetto no es ni mejor ni peor hoy que lo que era hace 10 años cuando en la madrugada en que se resolvió la cuestión de la famosa resolución 125, parecía estar  a un paso de la reforma agraria cual Vicente Zapata.

Quizá sería más oportuno pensar como este hombre, así como otros tan peligrosos como él hoy cobijados en nuestro espacio, bajo una férrea conducción política llevada adelante por Néstor Kirchner, llegaron a sostener aquellas  posturas .

Asimismo otros actores del campo sindical y político, que en aquel momento estaban “con nosotros”, antes o después de aquella aparatosa  derrota tomaron otros rumbos. Surgió entonces un proceso de descomposición de alianzas que nos costaron muy caro, tanto como hoy cuesta zurcir este tejido que se ha dado en llamar Frente de Todos.       

Quizá esto realza el papel de Alberto Fernandez , conocido articulador en estas lides, y nos obligue a la hora de “volver mejores” a recapacitar sobre amplitudes y dolores a la hora de tejer alianzas.

Asimismo ante un panorama que muestra una definición “capilar”, por penales, de la contienda electoral el acercamiento con Massa ha generado debate en los compañeros -como es lógico-.

El tigrense, dotado de un particular oportunismo, ha logrado sin embargo sintonizar el imaginario de ciertos sectores medios, medios bajos, que nosotros imaginábamos más cerca de lo nacional y popular (sólo porque nos votaban) y cuya actitud posterior los confirmó más a la derecha de lo esperado.

Esta capacidad captar momentos e imaginarios fue un atributo ausente en muchos de nosotros en los últimos tiempos.