Imprimir
Visto: 135

Hace ya más de un largo siglo, Sunt Tsú en ”El arte de la guerra”, habló de la capacidad de sorprender y desorientar al enemigo como una de las mayores virtudes de todo estratega.

A principios de éste año concurrimos con varios compañeros a un encuentro con Agustín Rossi. Tuvimos la posibilidad de preguntarle sobre la cuestión de los tiempos a la hora de decidir candidaturas. Nos respondió que si algo caracterizaba a Néstor y Cristina era el manejo del “timing” político. Manifestó asimismo que esa capacidad le daba tranquilidad al respecto.

Hoy tenemos un claro ejemplo de sorpresa y habilidad de nuestro lado y de desconcierto y preocupación en el campamento macrista…

Los fundamentos de la decisión tomada aparecen expresados en la intervención de Cristina anunciando la candidatura a presidente de Alberto Fernández y la suya propia a vicepresidente:

“Es un principio fundamental evitar sumar a la frustración actual producto de la estafa electoral que facilitó la llegada de Mauricio Macri al poder, una nueva frustración que, no tengo dudas, sumergiría a la Argentina en el peor de los infiernos.

Una cuestión de expectativas pero con proyección estratégica: Cristina presidenta en diciembre del 2019 nos llevaría a saltear los 4 años nefastos de gobierno macrista y sus consecuencias, compararíamos los resultados de la gestión con lo conseguido después de 12 años de gobierno popular y no con lo dejado por los últimos 4 años de gestión neoliberal. No se trata de llorar por la “pesada herencia” sino de sopesar que la situación del país es extremadamente complicada y las expectativas de los diferentes sectores deberán alinearse con lo dramático del momento político y económico. Moderar las expectativas y cumplir con compromisos de campaña generadores de ésta expectativas, evitaría una nueva frustración que permitiría a Marcos Peña solucionar el problema manifiesto de la derecha neoliberal: “la fragilidad de hoy tiene que ver con lo político, no con lo económico". Lo dichos de Marcos Peña parecen llevarnos a cuestionar en forma explícita los principios de la democracia y marcarían el punto de partida de lo que podría ser el derrotero de una nuevo período de gobierno macrista: menos democracia, más represión, “bolsonarización” de la acción de gobierno….

Cómo señala Jorge Alemán en su último libro “Capitalismo: crimen perfecto o emancipación”: “en la complejidad de semejante panorama, donde el capitalismo, en su mutación neoliberal posfascista, no aparenta tener contradicciones que de modo inmanente lo conduzcan a su final, resta sólo una brecha que los proyectos nacionales, populares y emancipadores deben tener en cuenta: el neoliberalismo, en la heterogeneidad cambiante de sus formas, sólo dispone de una administración económica represiva, a la que sus representantes definen como “gobernanza”. Dicho de otro modo, no dispone de ninguna capacidad para articular pueblo, nación y Estado. De ahí sus inevitables apelaciones al surgimiento de una identidad xenófoba y racista para darle un nuevo contenido a la nación. Por tanto carece de legitimidad para construir un gobierno democrático.”

 “El apabullante e innecesario endeudamiento del país, empieza a mostrar en este presente los primeros síntomas de una realidad que será muy difícil de revertir… Sobre todo si anteponemos los nombres y las ubicaciones personales al desafío de contruir una coalición electoral no sólo capaz de resultar triunfante en las próximas elecciones, sino también que aquello por lo que se convoca a la sociedad pueda ser cumplido. Aquello por lo que se convoca a la sociedad pueda ser cumplido.

La situación económica y en particular la deuda contraída por el macrismo constituyen una bomba de tiempo que compromete seriamente la gobernabilidad durante al menos el próximo periodo de gobierno. Ésta bomba de tiempo no podrá ser desactivada apelando a las mismas herramientas del 2003 porque un porcentaje importante de la deuda es con el FMI y al Fondo no se le podrán imponer recortes. Como objetivo de máxima se precisará renegociar vencimientos en las mejores condiciones posibles.

“No tengo dudas. La situación del pueblo y del país es dramática. Y esta fórmula que proponemos, estoy convencida que es la que mejor expresa lo que en este momento de la Argentina se necesita para convocar a los más amplios sectores sociales, políticos y económicos también, no sólo para ganar una elección, sino para gobernar. Porque algo le tiene que quedar claro a todos y a todas… Se va a tratar de tener que gobernar una Argentina otra vez en ruinas, con un pueblo otra vez empobrecido… Está claro, entonces, que la coalición que gobierne deberá ser más amplia que la que haya ganado las elecciones.

Nuevamente la cuestión de la gobernabilidad y la necesidad de constituir una coalición que no sólo gane las elecciones sino que también pueda darle sustentabilidad al próximo gobierno: la nueva etapa demandará acuerdos sectoriales amplios que no podrán ser alcanzados por “minorías intensas”. Eduardo Aliverti –lúcidamente- comentaba que la consagración de la fórmula era una jugada “nestorista”: del Néstor que apostaba a la transversalidad como construcción capaz de sostener un gobierno que lidiaba con más de un 20 % de desocupación y más de un 40 % de pobreza.

Las reacciones inmediatas al anuncio parecen confirmar lo justo de la decisión: declinación de candidaturas de Felipe Solá y Agustín Rossi, apoyo firme de gobernadores y ex - gobernadores tales como Manzur, Zamora, Bertone, Peppo, Verna, Alicia, Corpacci y Closs, apoyo tibio y expectante de Uñac, Bordet, beneplácito de candidatos provinciales e intendentes del conurbano (por ejemplo Omar Perotti). El anuncio de la fórmula y el posicionamiento posterior de los candidatos deja poco margen para discursos opositores que renuncian a la unidad y desarticula las posiciones más puristas que parecen no tener en cuenta el estado de devastación en que encontraremos el país el 10 de diciembre.

 “El mundo actual y latinoamerica en especial han mutado para mal en los últimos tiempos. Hoy estamos en tiempos álgidos. Tiempos de disputa comercial, tecnológica, militar y política.

Tenemos los argentinos y las argentinas que tener la suficiente inteligencia y visión práctica para que esta disputa por el poder mundial no nos arrastre a mayor dependencia y pobreza. Tenemos que saber abordarla en beneficio de nuestro crecimiento como país y del bienestar de nuestro pueblo. Lo podemos hacer, lo sabemos hacer. Es más, tenemos que hacerlo.

Reitero, más que ganar una elección, necesitamos de hombres y mujeres que puedan gobernar una Argentina que se encuentra en una situación de endeudamiento y empobrecimiento peor que la del 2001. Y que tenga la suficiente amplitud de ideas y de sectores políticos para representar con compromiso el interés nacional, repito, para representar con compromiso el interés nacional, y dar respuesta a las necesidades más urgentes de nuestro pueblo.

No se trata de volver al pasado ni de repetir lo que hicimos del 2003 al 2015 -y de lo que más allá de aciertos, críticas o errores nos sentimos muy orgullosos-, pero el mundo es distinto y nosotros también.”

No hay nueva oleada progresista en América Latina, aún cuando el Frente Patriótico que planteamos construir resulte triunfador en octubre. La situación económica mundial tampoco ayuda: el precio de la soja por debajo de U$S 300 la tonelada genera un problema dramático para una economía agredida por una administración macrista que se encargó de destruir el mercado interno y devastar sistemáticamente a la industria. El que se viene será un gobierno de transición que necesitará de acuerdos y pactos de no agresión que Alberto será el encargado de tramitar, que permitan paliar en forma inmediata el hambre y la pobreza extrema, reactivar el mercado interno para generar fuentes de trabajo y poner fin al imperio del capitalismo financiero depredador que hoy maneja los hilos de la economía.

 

Para encarar la tarea por venir no alcanza con una fórmula de combate representante de una minoría intensa, sino que va a ser necesaria la mentada unidad con todos: los propios, los no tan propios, los que vuelven, los críticos y todos aquellos que decidan enfrentar al neoliberalismo y sus cipayos devolviendo la esperanza a millones de compatriotas.