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De MARTÍN FRESNEDA /·VIERNES, 15 DE MARZO DE 2019

Querida Florencia:

Quiero que sepas que después de la publicación del video que hiciera tu madre, Cristina para nosotros, el pueblo Argentino, mediante la cual nos enteramos de tu estado de salud, me puse a pensar  en vos. Y es por eso que te escribo estas líneas.

No te voy a cansar dando cuenta del país que hoy estamos viviendo. No hace falta, porque vos lo sabés, quizás, mejor que yo. Te quiero hablar como a una hermana, y desde el lugar histórico que nos tocó vivir como H.I.J.O.S de esa generación diezmada, tal como dijo Néstor aquel 24 de marzo de 2004 cuando nos abrazó a las víctimas del terrorismo de Estado pidiendo perdón desde la ESMA por las atrocidades cometidas. Te quiero hablar como hijo de padres desaparecidos. Y elijo esta identidad que pocas veces invoco porque la considero necesaria, sobre todo cuando  vislumbro, como ahora, que tal vez vos, una hermana, la precise al momento de tener que comprender el porqué de tanta injusticia. Dejame decirte que te entiendo, que siento tu dolor, porque si bien logramos memoria verdad y justicia por los miles de desaparecidos, no tuvimos el mismo resultado con aquellos que quedaron vivos y siguieron luchando por sus ideales, con todas las idas y vueltas que dio la historia y las oportunidades de los tiempos nuestros.

Cuando conocí a Néstor, tu viejo, gracias a Carlos Zannini, quien nos llevó allá por el 2004 a Claudio Orosz y a mí, estábamos con Clyde Snow, Darío Olmo del EAAF y Beatriz Pfeiffer. Recuerdo las palabras de Néstor en mis oídos, palabras que acompañó con un fuerte abrazo, como la reparación que siempre necesité, pero que en aquel entonces venía del Presidente de la Nación. Néstor me dijo: "Vamos hacer justicia por los compañeros, es mi compromiso, pero cuando lo hagamos, no nos van a perdonar nunca". La verdad es que en ese momento de emoción quizás no dimensioné el futuro, ni mucho menos por dónde vendría. Hoy, después de tantos años, entiendo mucho mejor sus palabras y el porqué de tanto odio. Y sé que aquello tampoco sería el único motivo, pues después vino el matrimonio igualitario, la distribución de las riquezas, la ley de medios, la reestructuración de la deuda, la estatización de recursos estratégicos de la Nación, el no al ALCA, la ley de tierras, la ley de propiedad comunitaria a pueblos originarios, la ley de identidad de género y tantas otras conquistas que si pretendiera ponerlas en una sola lista, la misma sería extensísima, pero que sin duda son los motivos reales que dan cuenta del porqué de tantas desgracias. Seguramente y con toda razón vos te preguntarás: “porqué conmigo”. Una vez Arturo Jauretche dijo:

"Ignoran que la multitud no odia, odian las minorías, porque conquistar derechos provoca alegría, mientras perder privilegios provoca rencor."

Cristina fue clara al pedirles que se metan con ella, no con sus hijos. Y ahí voy. Con los hijos no. Te juro que me duele tu dolor, que no puedo comprender cómo puede suceder esto, que se metan con los hijos. Y no puedo evitar pensar en mi hermanx apropiadx, y en tantos hermanxs que fueron arrancados de sus padres, de mis padres, de nosotros, y que aún siguen sin su identidad. Algunos dirían que esto no tiene nada que ver, que "se robaron todo" y todas las barbaridades idénticas que dijeron de Perón y Evita. Y que también dijeron de todos los que lucharon por una patria para todes. Es evidente, querida Florencia, que siempre se metieron con los hijos, por cobardía, por la incapacidad de resolver las diferencias mediante el amor.

Por otra parte, y hablando de amor, quiero decirte que me conmovió el coraje y la humildad de Cristina Fernandez de Kirchner cuando le pidió al poder fáctico que no se metan con vos, porque vos elegiste un camino propio, y que ella, ella es quien se hace cargo de esta historia de persecución. Y también por esto quiero expresarte, como lo hacen millones, mi solidaridad con ambas, con vos y Cristina, ante los ataques que sufren por el sólo hecho de ser mujeres. Esto no lo harían con Néstor, no, y de hecho no lo hicieron. Todo esto da cuenta, también, de que no le perdonan a Cristina, en su condición de mujer, que haya sido presidenta dos veces en Argentina. No nos perdonan a quienes creemos y seguimos creyendo en ella, no con fanatismo como muchos nos acusan, sino con lo que aprendimos de ellos, tus padres, quienes nos demostraron que se pueden alcanzar transformaciones desde la política, las convicciones y el amor. Y esas razones enamoraron a millones de jóvenes, adultos y mayores con un proyecto de país, y volvimos a cantar el himno mientras volvíamos a creer en que los sueños y los imposibles solo tardan un poco más.

Quiero compartirte unas palabras que muchas veces han sido para nosotros una suerte de plegaria ante el odio, un hechizo para conjurar el amor del que venimos. Son las de José Agustín Goytisolo en 'Palabras para Julia':

"La vida es bella, ya verás, como a pesar de los pesares, tendrás amigos, tendrás amor, tendrás amigos".

Fuerza compañera, no estás sola. No están solas.

Somos miles, millones, lxs que seguimos creyendo y soñando con un país para todos y todas.

Estamos acá, cerca y atentos.

Somos una nueva generación que, mal que les pese a algunos, seguiremos defendiendo, por sobre todas las cosas, la vida, la igualdad, la verdad, la justicia, la memoria y el amor por nuestro pueblo argentino.

Desde este humilde lugar te abrazo fuerte, muy fuerte.

El amor vence al odio y a la mentira. Es cuestión de tiempo, “ya lo verás”. Ya lo demostró la historia.

Deseo que tengas una pronta recuperación. Te mando muchas fuerzas.

Te saluda con afecto, un hermano.