Imprimir
Visto: 321

 

Por Mariano Ameghino, especial para Revista Marambio 

Varsovia - 12 de Marzo.

 

Hay un dicho Polaco que reza que “si no se entiende la discusión, seguro es un problema de dinero” y así muchos definen lo que está ocurriendo entre Rusia y Ucrania. Mientras me lo comentaban no podía dejar de acordarme de Don Arturo Jauretche cuando nos enseñaba que “en economía si no entendés lo que te quieren explicar, es porque te están metiendo la mula”. 

Ayer, al tomar el avión que conectaba Frankfurt con Varsovia, imaginaba un vuelo vacío de pasajeros. Pero el avión venía lleno. Mientras para muchos estaba loco por aceptar la invitación a Varsovia y acercarme a una zona de conflicto bélico, la vida cotidiana de muchas personas continuaba igual. Una mujer rusa sentada a mi lado me comentaba que venía desde México para regresar a su país. Pero se habían suspendido los vuelos directos entre México y Moscú. Entonces estaba conectando México con Alemania y Alemania con Polonia para luego seguir a destino final. Recién allí encontré un punto de la vida cotidiana en que la guerra afectaba a alguien y podía ver con mis propios ojos. 

Luego, al bajar del avión, imaginaba un aeropuerto caótico. Nada más alejado de la realidad. En pequeños movimientos la colega que me esperaba llamó a un Uber y el chofer era ucraniano, como la mayoría de los trabajadores de este tipo de servicios, que amablemente tomó las valijas y las cargó en el auto. 

Como en una película similar a “Goodbye Lenin”, uno puede observar como los edificios soviéticos conviven con gritos arquitectónicos de nuevas épocas. Varsovia es un ciudad con muchas marcas de diferentes crímenes contra la humanidad. Pero la guerra convive con este pueblo polaco desde años atrás. Un memorial en la plaza central así lo dice. Restos de soldados de diferentes guerras, de diferentes siglos. 

Meses atrás nos comentaban los colegas de Varsovia que la gran cantidad de bielorrusos que cruzaban la frontera hacia Polonia era preocupante y que desde el 2014 habían llegado al menos un millón de ucranianos y ucranianas, porque luego del golpe de Estado de ese año, allí se vive una guerra. Uno de esos ucranianos era el chofer del Uber de esa mañana. 

Son seres humanos que migran de sus hogares. Muchas veces por no estar de acuerdo con el distanciamiento que el gobierno pro EEUU de Ucrania tomó de Rusia, muchos ucranianos se tuvieron que ir de Ucrania. Ahora los combates y bombardeos de Rusia obligan a mujeres y niños a refugiarse. Polonia suele ser la primer opción. 

“El socialismo soviético permitió que yo sea una profesional, mientras mis padres eran proletarios. Yo soy de izquierda. No como este gobierno conservador de Polonia que está en contra del aborto, ha limitado muchos derechos. Pero el imperialismo ruso no ha sido bueno, tampoco”, es uno de los comentarios que pudimos rescatar cuando encontramos a una polaca que maneja muy bien el español. 

El pueblo polaco sabe de guerras, sabe tanto que se podría utilizar una frase poco feliz de la historia del periodismo argentino: “total normalidad”. Es decir, ante tanta preocupación que genera un viaje desde América del Sur a una zona cercana a un conflicto bélico, las calles de Varsovia siguen con su vida cotidiana, los polacos preocupados por la inflación, la crisis energética y los refugiados que reciben a diario. 

“Es increíble, hace 15 días el problema seguía siendo el COVID, de repente la pandemia terminó y todos hablamos de la guerra”, nos comentan otros polacos y polacas. 

Las guerras europeas y mundiales hicieron de Polonia un territorio cuyos límites y dependencias se movieron drásticamente y de manera numerosa. Formar parte o no del imperio Ruso, ser invadidos por los Nazis, insurrecciones judías, estar dentro de la cortina de hierro, ser parte de la OTAN, espacio Schengen, que es como el plan B de la Comunidad Europea. 

La solidaridad polaca aparece desde las organizaciones de la sociedad civil más que desde el gobierno polaco. Muchas críticas van en ese sentido. El presidente Polaco se apellida DUDA. Vaya casualidad. Mientras Duda recibe a la vice presidenta norteamericana escribimos estas líneas para Marambio. Sin saber o conocer cuales serán los acontecimientos venideros. Realizaremos más entregas. 

El pueblo no quiere guerras, se solidariza con el mas vulnerado, no por ello piensa que toda la culpa es de un solo sector. “Pero por aquí por Varsovia no vimos ni una Sputnik y dicen que es una buena vacuna. La geopolítica se entiende mejor con el tránsito de vacunas que de refugiados”, termina nuestra amiga polaca definiendo la discusión, dando respuesta a la primer pregunta que nos hacíamos junto a Don Arturo.