Los setenta: Perón Vuelve, Cámpora al gobierno – Perón al poder

 

- ¿Qué recuerdos tenés del proceso político post – Cordobazo?

Tras la caída de Onganía, asume como presidente de facto el general Roberto Marcelo Levingston, un militar formado en la Escuela de las Américas que regresó de Estados Unidos para asumir el Gobierno, lo que explica dónde estaba el centro de poder mandante sobre el gobierno argentino. Levingston armó un gobierno extraño para la tradición liberal oligárquica: desarrollista en lo económico porque puso a Aldo Ferrer en Economía y a Juan Alejandro Luco en el Ministerio de Trabajo. Luco era un hombre con muchos contactos en el sindicalismo. Yo conocía a ambos porque los ví un par de veces cuando acompañaba a mi padre en su militancia llevando cartas a distintos personajes. No puedo asegurar de dónde venían las cartas ni de quien eran, yo no las leí ni mi padre me habló nunca ni de su o sus autores ni del contenido. Era sólo un niño peronista que acompañaba a su padre por el pancho y la Bidú.

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I.- La resistencia y la Revolución Cubana

-¿Cómo fue tu niñez?, imaginamos que fuertemente marcada por la etapa de la resistencia…

-Así es, crecí en al seno de una familia peronista de las tantas que hicieron la resistencia. En la zona rural de San Isidro, donde vivíamos, no había escuelas y aunque no se pueda creer había quintas de producción de verduras y floricultores, tambos y paisanos de a caballo y todo se transportaba en carros. La nafta de la época era la alfalfa: cuando veíamos un auto salíamos todos los pibes a mirar como si fuese un plato volador. Mi viejo previendo futuros quilombos puso a mis hermanas en un colegio privado donde estaban toda la semana y salían los sábados. Cuando cumplí 6 años yo también fui a parar a ese internado. Después, debe haber sido durante el año 1961 o a principios de 1962, el gobierno de Posse -el intendente de San Isidro, padre del actual- puso una escuela rural y se obligó a los quinteros a abrir las calles entre las quintas y hacer loteos. En pocos años se perdió ese espacio semi-rural.

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Durante la charla Mirtha llora. No se trata del llanto que arremete hermanado con el recuerdo o la nostalgia. Es el llanto del dolor de una herida abierta, del dolor a flor de piel, del dolor que se acrecentó con el paso del tiempo cuando no existían paliativos o remedios que permitieran suturar lastimaduras del cuerpo que se extendían hasta el alma, que trascendían del cuerpo individual al social por el simple hecho de ser compartidas por muchos. Un dolor tan profundo que sigue vigente a pesar de los 12 años en los que la justicia se impuso a la impunidad y que solo será superado cuando el último de los represores sea condenado. Y ese día las lágrimas seguramente seguirán fluyendo pero por la falta, por el amor, por el recuerdo de vidas reivindicadas en su inteligencia, en su compromiso y acción, en su entrega y en sus valores.

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El encuentro se realizó el local del Movimiento Evita en CABA, a cuadras de la Plaza de Mayo, un jueves feriado y caluroso de diciembre mientras a pocas cuadras se realizaba una nueva edición de la Marcha de la Resistencia.

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No solo transitamos un tiempo marcado por el uso de las redes sociales como mecanismo de comunicación y sociabilidad predominante sino que, condicionados por la pandemia y la necesidad de aislarnos físicamente como medida para evitar los contagios, hasta los más renuentes a relacionarnos vía WhatsApp, Twitter o Instagram y que a regañadientes incorporamos el mail como herramienta de intercambio de información, también hemos sucumbido ante la virtualidad. Consultamos entonces varias veces por día la pantalla de nuestros celulares, buscando mensajes de compañeros, amigos o familiares que nos hagan más llevadero el encierro. Así conocimos a Pascual Angel Reyes: por un intercambio en WhatsApp entre un grupo de vecinos que discuten propuestas para la Comuna 12 y la Ciudad. Intuimos que su historia debía ser compartida. ¿Por haber sido protagonista de un período histórico que se caracterizó por la incorporación masiva de la juventud a la política, luchando por imponer un proyecto de liberación nacional y generando la brutal reacción de la derecha oligárquica que implementó un genocidio para acallar a una generación entera y evitar la proyección de su ejemplo?, sí, por supuesto. ¿Porque pocos son los que han transitado parte de su experiencia militante junto a compañeros de la talla de Dardo Cabo, Alberto Camps o el “Palo” Pirles?, también, claro. Pero tan importante como éstas y otras razones de su pasado es su presente militante.

 

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